Pese a que la semana se cierra con el fin del célebre shutdown, del que espero noticias y análisis sobre el coste del reinicio de la administración, estos días en la red hemos visto aportaciones de lo más interesantes. Y es que, aunque parezca qua ahora todo sea portal de transparencia, ley de transparencia y redes, al final los clásicos siempre funcionan. Así que nos hemos movido gustosamente entre el pasado de la e-administración y la participación (social y no social) a través de las redes. Vamos a verlo:
- La e-administración: Pese a que ya en su día declaró su defunción, desde luego, si lo está, estamos en un velatorio de lo más activo. Por un lado tenemos un artículo comparativo (casi sinóptico) de sobre las definiciones “oficiales” de la cosa y de su caducidad. Como bien señala, la visión original del modelo parte de la asimilación de servicios por la administración y no de expectativas del ciudadano. Esto no sería tan grave si no fuera por la velocidad a la que cambia la tecnología que deja conceptos obsoletos: la base es pensar en los otros. Casi como anillo al dedo le viene el artículo de sobre la necesidad de imprimir “inteligencia” (en su sentido más académico) a la Administración electrónica: entender el contexto y sus necesidades es lo que acaba ofreciendo la ventaja competitiva. Y es que aunque es un enorme éxito llegar a tramitar on line el 62% de los servicios como ocurre en el portal vasco de servicios, al ciudadano le falta la percepción de un servicio completo que va un pasito por delante de él, como ocurre con los agentes privados. Quizá si conseguimos replantear los cambios en este sentido podremos no mejorar la Administración electrónica, sino el servicio público en general, que es de lo que realmente trata la película. Este es el sentido del artículo de que lleva casi la contraria al primero de Alberto en el mismo blog. Yo añadiría que la Administración electrónica no está muerta, sino de parranda.
- Redes y más redes: Por el otro lado, las redes sociales, hablaba de la importancia de twitter para cambiar la política. No es tanto que rompa la política, sino que ofrece un recurso que ha sido disruptivo en la relación entre lideres políticos y ciudadanos que rompe las barreras tradicionales de la interacción haciendo más horizontal y confrontando en ocasiones con interlocutores no habituales el diálogo: el que sepa aprovecharlo tendrá ventaja y el que no, acabará fuera de un diálogo cada vez más mayoritario. Finalmente, y llevándolo al ámbito gubernativo, la gente de Benchmarking e-gov plantea un modelo para emplear las redes sociales en la creación de políticas públicas más allá del cauce decisorio que se suele poner como ejemplo, empleando la gamificación, la interacción y la creación de contenido. Muy a tener en cuenta.

